lunes, 12 de septiembre de 2011

Diferencia entre la gallina y el águila


¿Nuestra vida es más parecida a la de un águila o una gallina?
Gallina:
No vuela;
Es caza;
Ojos laterales;
Es alimento;
Come restos;
Domesticable;
Miedosa;
Se sujeta a quedarse presa;
Hace su nido a nivel del suelo;
Varias especies;
Sólo  ve durante el día;
Nido – Pluma y hierba;
Acepta más de un gallo;
Muere cabizbaja.
Águila:
Vuela alto, muy alto;
Es cazadora;
Ojos frontales;
Es  devoradora;
No se alimenta de nada en descomposición;
Salvaje;
Valiente;
No acepta quedar presa;
Construye su nido en los precipicios;
Especie rara;
Ve durante el día y durante la noche;
Nido – Plumas,  hierba y espinas;
Sólo acepta un macho para toda la vida;
Muere volando.
Nacemos  en Cristo para volar. Y volar alto.
A medida que las crías van creciendo, la madre águila va retirando primero las plumas, después la hierva, para que las espinas les generen un cierto malestar  y ellas alcen vuelo.
Dios actúa de la misma forma con nosotros. Cuando estamos bien acomodados en nuestro nido, el, como el águila, retira las plumas, las pieles, la hierba, las astillas, y permite que las espinas nos incomoden, para que alcemos vuelo.
Cuando llega el momento que la cría aprende a volar, la madre la pone sobre el ala, sube bien alto, el entonces se inclina, dejándolo resbalar. Y la cría va descendiendo  todo desordenado. De repente, la madre baja como una bala y se posiciona debajo de él para qué pose en sus alas. Y repite ese ritual hasta que la cría aprenda a volar.
“Como el águila que despierta a  su nidada y aletea sobre las crías, extiende sus alas, y tomándolas, las lleva sobre ellas”, así el Señor nos sustenta, y en caso de  titubearnos, nos abriga sobre sus potentes alas. El está siempre cerca para socorrernos. Sus alas son siempre el mejor y más seguro abrigo.
“Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro…” (Salmos. 91:4).

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